Como ya hemos comentado en entradas anteriores, son muchas las circunstancias que ponen de manifiesto que ha existido, a lo largo de los últimos años, una mala actuación por parte de las entidades bancarias. Muestra de ello son, entre otras, las participaciones preferentes, las obligaciones subordinadas o la cláusula suelo.

En este caso, analizaremos el problemático asunto del SWAP o contrato de permuta financiera de tipos de interés (IRS), del que ya resulta confuso su nombre y su propia definición: Acuerdo entre dos partes para intercambiar una serie de flujos dinero en diferentes fechas del futuro, conforme a una fórmula preestablecida.

El swap es un producto complejo y de difícil comprensión que requiere de una labor exhaustiva de información por parte de los bancos para asegurarse de que el cliente comprende lo que realmente está contratando. Las entidades bancarias, durante años, han recomendado a clientes minoristas que, paralelamente a la suscripción de un préstamo hipotecario, formalizaran este producto, presentándolo como un seguro para cubrir las variaciones, especialmente subidas, del tipo de interés variable del préstamo suscrito.

En la práctica, el Swap funciona del siguiente modo: Si el tipo de interés de referencia, generalmente, el Euribor, supera al tipo de interés fijo que se haya pactado con el banco, la diferencia la asume el propio banco. Por el contrario, será el cliente quien abone la diferencia al banco, si el interés de referencia está por debajo del interés pactado.

Aunque a simple vista puede parecer un producto ventajoso para el cliente, la realidad ha sido muy distinta. Lo cierto es que muchos clientes minoristas con hipoteca para su vivienda y que contratando un Swap, casi por imposición del banco para concederles el préstamo hipotecario; no se han podido beneficiar de uno de los pocos aspectos positivos de la crisis económica, las fuertes bajadas experimentadas por los tipos de interés y el Euribor.

La sorpresa se presenta cuando la cuota mensual de la hipoteca no bajaba, por la aplicación de la cláusula suelo, y además tienen que pagar al banco importantes cantidades de dinero en concepto de liquidaciones del Swap. Y todo como consecuencia de la bajada de los tipos de interés, algo que los bancos ya sabían que iba a ocurrir.

Son muchos los afectados por este producto, que desconocían realmente lo que estaban contratando, lo que demuestra, una vez más, que ha existido una falta de información adecuada, clara y suficiente sobre el producto y sus riesgos, por parte de las entidades bancarias.

Si bien es cierto que hay que analizar cada caso concreto, es importante tener en cuenta que es posible luchar contra esta mala praxis bancaria, con un alto grado de probabilidad de prosperar en los Tribunales. Muestra de ellos son las múltiples sentencias que reconocen la nulidad del swap, con la consiguiente devolución al cliente de las cantidades pagadas durante toda la vigencia del contrato.

Noticia SWAP (La Voz de Galicia, 16/02/14)

David Alfaya Massó. Abogado
Yolanda Fernández Fernández. Abogada